

Un jugador de fútbol en Argentina no es solo eso: es un modelo cultural o, en el peor de los casos, un contraejemplo opaco. Nuestra sociedad puede exhibir ambos casos. Este Mundial nos muestra, como pocas veces antes, a un Messi agigantado al filo de sus 40 años. Federico "el Negro" Bulos, enviado especial de ESPN para la cobertura del Mundial, dio una definición tan certera como punzante sobre este debate abierto: "Messi es el argentino que nos gustaría ser. Maradona, en cambio, es el argentino que somos".
No se trata de criticar a Maradona —que está muerto—, sino de hablar de dos modelos de país, de dos embajadores culturales, de dos ejemplos de vida para los más jóvenes. Si uno es un líder sano, el otro ha sido un líder tóxico, cuya primera víctima fue él mismo. El propio Maradona. La humildad de Messi no es una humildad sobreactuada; es una humildad que lo protege, ante todo, a él. Un activo que nunca tuvo el privilegio de tener Maradona, con su ya marca registrada: "La tenés adentro". Una frase que lo describe entero, llena de violencia sexual, típica del argento. Del argento resentido. Ese que ya no queremos ser.
Muchos no se han enterado, pero la Argentina ha cambiado y ahora —sorpresa— también se puede criticar a "Dios". Porque Maradona ha sido "dios" para este país arrasado por las montañas rusas de las sucesivas crisis económicas; una sociedad crónicamente rota que solo podía alimentar su autoestima con el orgullo de ser potencia futbolera. Y Maradona alimentó ese casillero como pocos, como nadie. Pero de ahí a ser Dios...
¿Pero a qué viene hablar de Maradona cuando quien está brillando es Messi? Porque, con el núcleo anti-Messi jugando en contra de un Mundial que, de ganarse, beneficiaría a Milei (así razona parte del mundo "kuka"), se vuelve inevitable la comparación con un Maradona que supo abrazar tanto al kirchnerismo como a la dictadura castrista. Maradona, que seguramente te hizo soñar en la cancha, pero que fuera de ella irradiaba pesadillas. No lo evaluamos aquí como el astro genial que ha sido, sino como el embajador cultural de un país. Messi y Maradona reflejan dos países, dos sistemas de valores, dos esquemas de creencias completamente opuestos. Y hoy queremos ser más Messi que Maradona.
Por Laura Di Marco (L.N.).


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