Tenemos que hacernos hombres de silencio. Porque en el silencio, en lo secreto, Dios está.

INFORMACION18/02/2026 p. Juan José Gravet
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Cuaresma, desierto,  silencio, espiritualidad
Homilía del Miércoles de Ceniza
18/2/26

Leer Mateo 6, 1-6. 16-18

1. Espiritualidad

Miércoles de Ceniza. La Iglesia comienza solemnemente la Cuaresma. Un tiempo fuerte, justamente porque va a hacer mucho hincapié en lo más profundo nuestro que es la espiritualidad. Es lo que nos hace distintos en la creación, de los otros seres de la creación, que somos capaces de Espiritualidad. Es decir, de meternos dentro nuestro y llegar a ese lugar donde Dios habita y comunicarnos con Dios y hacernos con Él uno y descubrir qué quiere de nosotros. Pero tenemos que tener en cuenta que esta tarea es quizás la más difícil de todas. Y por eso es muy fácil abandonarla.

2. En lo secreto

Y qué quiere decir esto de la espiritualidad? Quiere decir, no dejarse ganar por las cosas del mundo, sino por las del espíritu. Quiere decir hacerse no superficiales, sino profundos; quiere decir no vivir en la exterioridad del mundo, sino en la interioridad; una recomendación de los santos, meterse dentro. Esto que dice la palabra de hoy, así, tan claramente, en el Evangelio de Mateo: “Dios que ve en lo secreto”. Ahí. Ese lugar donde nos podemos comunicar con Él, como nos dice el Concilio Vaticano II, en la Gaudium et Spes, que es un documento pastoral, dice “Dios habla a todo hombre en su corazón, porque su corazón es como un sagrario, donde se comunica con todo hombre”. 

3. Silencio

Y esto quiere decir que Dios se comunica con todos los hombres de toda la humanidad, de toda la historia, más allá de sus religiones o sus no creencias. Dios le habla a todo hombre. Pero nosotros vivimos en el ruido, todos los días, y no terminamos de darnos cuenta que hay una voz allí, dentro nuestro, que es la que necesitamos conocer, porque es la de Dios. Y Dios tiene un proyecto para nosotros y entonces necesitamos conocerlo. Y esta será la lucha nuestra, meternos en ese silencio interior, donde no se necesitan las palabras, se necesita la escucha.

4. Ruido permanente

Dios está dispuesto a hablarnos y nos habla y nos dice y se comunica con nosotros, a través de esta voz misteriosa, que está allí dentro desde el momento mismo que nos hemos hecho seres humanos, “sus hijos”. Por eso, en un mundo que vive en el ruido permanente, nosotros que vivimos con mucho ruido, donde nos cuesta el silencio, y a veces, si estamos en silencio, queremos que haya algo que haga ruido, porque no soportamos el silencio. Y tenemos que hacernos hombres de silencio. Porque en el silencio, en lo secreto, Dios está.

5. Desierto

Entonces, es allí donde descubrimos nuestra propia verdad, por eso, el símbolo que aparece en la Cuaresma es el desierto. Y el desierto es eso, nada. No hay nada que nos distraiga. Es el misterio de lo insondable. Estamos ante lo infinito, ante lo que no alcanzan las palabras. Por eso siempre va a ser más fácil olvidarse de todo esto y prender la radio, encender el televisor, algo que haga ruido, música o lo que sea.
  
6. “Rabia al silencio”

Pero, como decía el gran autor nuestro Atahualpa Yupanqui: “Le tengo rabia al silencio!”. Qué quiere decir esto? Cuesta el silencio. Por eso la tarea de la espiritualidad no es fácil, y se abandona fácilmente, como decíamos al comienzo.

7. Cenizas

Hoy la Liturgia nos va a poner un signo muy fuerte, donde se nos dice de otra manera, esto mismo. Se nos va a imponer un poco de cenizas, sobre nuestras cabezas. Y allí se nos va a decir: “recuerda que eres polvo y en polvo te has de convertir”, “Conviértete y cree en el Evangelio”. Es decir, se nos está diciendo de otra manera, lo mismo. Si ustedes ven estas cenizas, parece que no dicen nada. Nosotros, dentro de cien años: esto! Y cien años dije, generosamente. Qué quiere decir? Polvo. No somos nada. Esto es nuestra realidad, nuestra fragilidad. Y por eso tenemos que descubrir qué somos. La Liturgia de hoy nos presenta, así, fuertemente, este impacto. 

8. Conclusión

El Señor quiere hacer de nosotros hombres nuevos. Nosotros preferimos la “onda” del mundo: el ruido. Por eso: “Conviértete y cree en el Evangelio”. Estamos llamados a una nueva humanidad. Y esta será la tarea titánica de la Cuaresma: llegar a la Pascua como Hombres nuevos. Yo quería pedir, entonces, en esta celebración por cada uno de nosotros, para que este signo realmente nos toque profundamente y como dice la Palabra de hoy: “Conviértete y cree en el Evangelio”.

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