La ñata contra el vidrio

El prócer social y profeta moderno Discépolo nos decía en su tango Cafetín de Buenos Aires: “De chiquilín te miraba de afuera, como esas cosas que nunca se alcanzan”. Así como en Cambalache Discépolo nos enfrenta a nuestra realidad y nos desnuda sociológicamente, en su cuasi himno nacional, Cafetín, también nos anticipó otra realidad actual. Hoy la sociedad argentina tiene la ñata (nariz) contra el vidrio, mirando desde afuera el mundo y su progreso tecnológico, como esas cosas que nunca se alcanzan.
INFORMACION29/04/2026Luis Hugo MarinoLuis Hugo Marino

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Somos un país arruinado en todos los aspectos y casi sin acceso al futuro. Ese futuro no se construyó en el mundo con commodities (granos, minerales, petróleo, etc.), sino con educación, conocimiento, capitales y honestidad. La empresa surcoreana Samsung inauguró una fábrica robotizada —con robots mecánicos y humanoides— que produce celulares 24/7 (las 24 horas del día, toda la semana, todo el año). En China, Huawei hizo algo similar. Microsoft acaba de indemnizar a 8000 empleados; IBM, a otros 8000. Esos 16 000 trabajadores fueron reemplazados por la IA (inteligencia artificial). Por ahí anda el mundo, y por ahí pasa la lucha por el trabajo.
En La Puma de Roldán (AO12 y Autopista a Córdoba), ya sirve el café un robot (cyborg). La tecnología ya llegó acá y desplaza humanos. Claro: no queremos tomar conciencia, aún viéndolo, de que se nos avecina la noche. Se sigue con la industria del juicio, cuando ya casi nadie ofrece trabajo. La cultura de los planes y las dádivas (limosnas) destruyó la del esfuerzo. Hace años que los constructores nos comentan que los lunes no va casi nadie a trabajar: es, dicen, como un feriado.
La educación fue destruida, y las escuelas son hospicios sociales de contención, donde la enseñanza es obsoleta y está condicionada por la política y el sindicalismo partidario, además de las ausencias y las carencias. Seguimos priorizando carreras como Abogacía y Psicología, cuando se necesitan ingenieros. La consecuencia es un país sin trabajo, donde los desheredados pululan, donde los jubilados de clase media —vestidos con decoro y mirada triste— venden medias en las ciudades, donde los políticos siguen en el curro y el pelotudeo total mientras el mundo nos pasa por arriba.
Estamos ante el mundo como el niño en el acuario que toca el vidrio viendo el delfín, pero ya es algo inalcanzable.

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