

“Mírense a los ojos”, decía un videíto que aconsejaba salir del encierro de WhatsApp, esa trampa que atrapa y congela nuestra mirada en la pantallita. Circulan videos aleccionadores donde los abuelos esperan el domingo en la puerta, con una canastita en la mano, y a cada hijo o nieto que entra le exigen que deje el celular. Claro, todos se molestan, pero al final ceden. Así se vive hoy.
Las calles y los transportes públicos nos transmiten la misma imagen: multitudes concentradas en las pantallitas, sin interacción con los demás. El email y, sobre todo, el WhatsApp han llevado la globalización hasta el espacio de nuestra intimidad. Uno está conectado con el mundo entero. La familia, los amigos, las relaciones de trabajo y los grupos en los que participamos conforman un elenco estable difícil de ignorar. A eso hay que sumar los mensajes inesperados, que llueven de los sitios más insólitos a cualquier hora. El día se nos va atendiendo el WhatsApp.
No es que pretenda dejar de recibir mensajes. Si un genio salido de la lámpara nos concediera tal cosa, estoy seguro de que a los pocos días nos sentiríamos solos y olvidados, fuera del mundo, y esperaríamos que alguien se acordara de nosotros.
Llega un punto en que, hartos ya, en un rapto de lucidez soltamos todo, le bajamos la persiana al mundo y vamos a lo nuestro. Pagaremos el precio de esa efímera libertad. Porque el celular, que parece un animal dormido, enseguida empieza a chillar y no hay más remedio que atender y escuchar el reproche del familiar, del amigo o del compañero de trabajo: “¿Por qué nunca contestás los mensajes?” El tono airado, casi ofendido, confirma que, además de haber propiciado el fin de la soledad, el celular acabó también con la paciencia.
La reflexión más dura sería esta: “Los animales tienen trompas largas en la cara porque necesitan buscar comida y siempre miran para abajo. Tienen millones de células olfativas, en cantidades hasta veinte veces superiores a las del ser humano —como los perros—. El único ser vivo que tiene la mirada horizontal, hacia los demás, es el ser humano. Pero eso se terminó, porque hoy todos miran para abajo como los animales, buscando la comida de la información y el entretenimiento en el celular. ¿Nos animalizamos?”




Orgullo en Funes: La Brigada K-9 viaja a Venezuela en misión de rescate tras el terremoto
INFORMACION04/07/2026
Cómo ahorrar en tus compras de verdulería en Funes: Guía de beneficios exclusivos
INFORMACION04/07/2026
Vacaciones de invierno en Funes: talleres, trencito, inflables y Feria del Libro
INFORMACION04/07/2026


Orgullo en Funes: La Brigada K-9 viaja a Venezuela en misión de rescate tras el terremoto
INFORMACION04/07/2026







